No debía, pero lo hice.

domingo, 15 de abril de 2012

-37 más.

-Vale sé que soy una puta cría de 14 años, que siempre piensa en el suicidio como solución y a la cuál la llamaron EGOÍSTA más veces ayer que en el resto de su vida, por lo cuál, debo entender que solo siembro el dolor en la gente.
Bueno... supongo que debo empezar por explicar el título.
¿37?
Sí, 37 cortes más. ¿Una burrada? posiblemente, teniendo en cuenta que mañana tengo visita con el psicólogo come cerebros.
Pero una vez más, parezco una cría encaprichada: Me da igual todo.
Ayer.. todo empezó porque una amiga (o algo así) enteró de todo esto por un amigo, y se lo contó a los demás (seré breve, ya que no tengo muchas ganas de aburrir más) de ahí a que todo el mundo me suplicara-echara la bronca-rogara-llorara que dejara esto. Sobre todo, ella. Solo pude decir (en las cuatro horas sin exagerar que estuve llorando) que no quería ni podía.
Ella se fue, decidió acabar pasando del tema, así que.. bueno, llegué a casa a la noche, y hice lo de los 37, me metí al baño y busqué los medicamentos, maldije todo, dado que fueron quitados de mi alcance cuando empecé la ´terapiadeloscojones´ solo había un líquido (bote) para el dolor de nosequé. Bien, estaba casi lleno, cuando volví a dejarlo en su sitio, estaba casi vacío. Deseé que fuera tóxico a más no poder.. pero una vez más, nada salió bien.
Me levanté a la mañana, llena de sangre y con los ojos hinchados, me había despertado unas 8 veces por la noche.
No sé como voy a ir mañana la instituto, no sé como no le voy a tirar algo encima al maldito psicólogo cuando le vea, no sé como voy a hacer como que todo es normal.. solo doy gracias por ir a un instituto que no está en mi ciudad




1 comentario:

  1. Estudiante de Psicología :)
    La relación madre-hija deviene, en estos casos, un drama cuerpo a cuerpo, de amor-odio, atracción y rechazo recíproco; vínculo desesperado que pone en juego tanto la imposibilidad de la unión como de una separación.
    Si se verifica una mayor incidencia de casos de jóvenes anoréxicas en la pubertad, es en la medida en que la pubertad marca justamente el comienzo de una etapa de mayor autonomía, de orientación hacia intereses y anhelos propios.
    Se presenta una alteración de la imagen del cuerpo, no hay registro del estado de desnutrición; existe una dificultad para reconocer las propias sensaciones: el hambre, la saciedad, la fatiga. También es habitual una dificultad para reconocer las propias emociones y los límites del propio cuerpo.
    En la anorexia se presenta una disfunción respecto de la autonomía; este hecho implica que, tarde o temprano, alguna forma de intervención respecto a lo familiar debe ser considerada.
    Frente a la pubertad y los movimientos de autonomía, se pone en juego una separación que implica necesariamente una pérdida, que no siempre puede ser procesada. La posición anoréxica intenta un corte, poner a distancia al Otro (del cual se tiene dependencia); es decir, su negativa a comer intenta instaurar un lugar de falta para conseguir un espacio de separación que dé lugar a un deseo propio, pero no hay tramitación de la separación, no hay angustia, no hay registro de pérdida. Se trata, por lo tanto, de una salida paradojal que la lleva a su propia destrucción.

    Podemos trazar una articulación entre anorexia-separación-duelo-angustia.
    En la anorexia, la separación adviene sin que vaya acompañada de un trabajo efectivo de duelo. Se trata de una estrategia para evitar el duelo, no hay tramitación del duelo ni del dolor que implica. Situación duplicada, en el caso comentado, por la ausencia de duelo en la propia madre/padre.

    Es el modo a través del cual encuentra un lugar propio, no invadido por el Otro, un intento de trazar un límite, una territoriedad propia.
    El ideal de cuerpo delgado: “Yo quiero ser flaca… ” aparece también como un anclaje identificatorio que intenta trazar una diferencia respecto de una madre con veinte kilos de exceso de peso.
    En el seno de una relación de extrema dependencia con la madre, la anorexia aparece como el único salvataje, un modo de hacerse a sí misma y afirmar un deseo propio. En esa búsqueda desesperada, el ideal del “cuerpo delgado” toma el estatuto de lo más propio de sí, sin darse cuenta de que es presa de una nueva alienación, sin advertir que ha caído nuevamente esclava del Otro: esta vez, el mercado de la moda que disciplina cuerpos e ideas.
    Será de fundamental importancia, la construcción de un espacio que posibilite al sujeto una relación que le garantice que no será “devorado”, que no será arrasado.
    Cuando el sujeto pueda lograr ese espacio de alojamiento y reconocimiento de sí, recién comenzará a interrogar su trágica estrategia y podrá buscar otros caminos para sostenerse deseante.
    Enviado con amor para Aria loves her tears

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